Nociones generales sobre memoria individual colectiva y memoria histórica 

Samuel García Cortez

Historiador

El historiador Eric Hobsbawm señalaba que luego de la II Guerra Mundial muchos hacían referencia al período de la “Paz” aludiendo a los años anteriores a 1914, señalando una clara ruptura entre el nuevo siglo y el anterior,[1] con ellas el término “guerra” adquirió una connotación no antes conocida o advertida en tiempos modernos. Por otra parte, Hobsbawm también señala que el capitalismo destruye el pasado a partir de mecanismos sociales que desvinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores.[2] En este sentido nos parece pertinente acercanos a la comprensión de la memoria y sus usos sociales y políticos.

En los siguientes apartados se ofrece una primera y breve definición de lo que se suele llamar memoria individual, memoria colectiva y memoria histórica, destacando sus relaciones, pero también sus diferencias, advirtiendo que con ello solo queremos ofrecer un primer y mínimo acercamiento al tema.                             

Memorial a masacre en Corral de Piedras, Chalatenango.

11 de febrero de 1990

Memoria individual

Julio Aróstegui señala que la memoria en principio es una facultad cognitiva de los seres humanos, la cual permite que las experiencias vividas se puedan acumular en forma de recuerdos, y es precisamente está dinámica la que posibilita que los seres humanos posean temporalidad.[1]  Por su parte, el recuerdo se hace desde el presente y su resignificación es afectada por los intereses y dinámica sociales que operan en el momento en que se evoca, pero también es afectado por reconstrucciones que se hicieron de él en épocas anteriores[2], por lo tanto, del recuerdo no se puede esperar una imagen fidedigna de lo que “realmente” pasó, sino una reinterpretación que puede variar según el tiempo y los diferentes grupos.

De lo anterior se desprende que, si bien el recuerdo como una actividad neuronal se desarrolla en cada individuo, lo cierto es que este recuerdo ocupa los recuerdos de otras personas para constituirse, en este sentido, Maurice Halbwachs considera que la memoria es un proceso esencialmente colectivo, en cuanto contribuye a las identidades de los grupos a partir de que estos dotan de un mismo sentido a los recuerdos que comparten,[3] pese a que en ocasiones no se logra percibir las influencias sociales que afectan el recuerdo individual.[4]

Memoria colectiva

En general, se define a la memoria colectiva como un proceso en el que se reconstruye el pasado vivido y experimentado por un grupo,[5] posee una dimensión pública, lo cual la sitúa en relación con el tema de poder, hegemonía ideológica y social, por lo tanto, las memorias colectivas se encuentran en constante disputa,[6] buscando hacerse universal.

Memoria histórica

Tanto memoria e historia dan cuenta de experiencias humanas las cuales son vividas o acumuladas por las generaciones, la memoria se apoya en el recuerdo, pero también va acompañada de la capacidad de olvidar que también contribuye a la reproducción social, en ese sentido, la memoria suele ser frágil y manipulable.[1] Por su parte la historia se apoya en la memoria para objetivar el recuerdo en un proceso de racionalización que se desarrolla en modo de discurso.[2] Desde la perspectiva de Aróstegui las memorias vivas como los hechos y acontecimientos experimentados por los miembros del grupo y las memorias adquiridas como los recuerdos no vividos por una parte o la totalidad del colectivo, pero asumidos como memoria viva, se expresan en el testimonio y este se convierte en el punto donde memoria e historia convergen.[3]

En ocasiones se ha puesto énfasis en las experiencias vividas, en los relatos y  testimonio sin someterlos a procesos de verificación, rechazando los aportes de la academia y tomándolos como la “historia real o verdadera”; comúnmente estos trabajos tienen una fuerte carga ideológica.[4] Pierre Nora considera que  la historia sigue un criterio de búsqueda de verdad, mientras que la memoria es afectiva y emotiva.[5] Memoria e historia no serían sinónimos, la primera tiene pretensiones de retribución ética, identitaria y social, y estas no necesariamente significan una lucha por la historia o la verdad, para ello debe operar la historia como disciplina que contribuya a objetivizar la memoria.[6]

Por lo tanto, una memoria histórica alude a la búsqueda de la reparación, retribución ética y búsqueda identitaria de los colectivos apoyada en el criterio de verdad sustentado en la verificabilidad de la memoria, de esta manera, memoria histórica son un problema ético[7], que marcaría el punto de observación de la realidad pasada pero también de la presente, es decir, se constituiría una memoria histórica desde las víctimas con el objetivo de emprender procesos de liberación.

Memoria y liberación

El historiador Pierre Nora apunta que si el siglo XX fue conocido como el siglo del “testigo” el nuevo siglo sería caracterizado por ser el siglo del olvido.[8] Por su parte, Benjamín escribe sus tesis de la historia en un momento en que el nacionalsocialismo se encontraba en auge, considera que la memoria es una herramienta de lucha contra la violencia que proviene del olvido, pero no sería el olvido de todos, sino, particularmente el de los oprimidos. [9] El filósofo Giorgio Agamben ha considerado que con los campos de concentración de la II guerra mundial los individuos fueron reducidos a pura existencia biológica.[10] Por lo que es un período donde el olvido y silencio se impuso a los oprimidos.

En la propuesta de Benjamín destaca el concepto de “Redención” la cual implicaría la reparación de las víctimas que han sido abandonadas, esto a su vez, conlleva a rememorar históricamente a las víctimas, con el objetivo de criticar la injusticia y generar conciencia y compromiso ético con los oprimidos, sin embargo, ni generar  conciencia ni la rigurosidad de la investigación histórica son suficientes para que exista reparación hacía las víctimas, para ello la lucha de clases promueve la reparación a partir de luchar por el proyecto social de los oprimidos.[11]


Referencias bibliográficas 

[1] Ibid., 19-20

[2] Ibid., 23

 [3] Ibid., 36

[4] Betancourt Echeverry, Darío. “Memoria individual, memoria colectiva y memoria histórica: lo secreto y lo escondido en la narración y el recuerdo”. En, (comp.) Absalón Jiménez Becerra y Alfonso Torres Carrillo. La práctica investigativa en ciencias sociales. (Bogotá: UPN, 200): 131

[5] Entrevista a Pierre Nora, “El historiador es un árbitro de las diferentes memorias”. Revista letras libres 230 (2018), en https://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/entrevista-pierre-nora-el-historiador-es-un-arbitro-las-diferentes-memorias, (consultado el 14 de agosto del 2022)

[6] Julio Aróstegui, “Retos de la memoria y trabajos de la historia”, Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea 3 (2004): 27

[7] Ibid., 35

[8] Entrevista a Pierre Nora, “El historiador es un árbitro de las diferentes memorias”. Revista letras libres 230 (2018), en https://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/entrevista-pierre-nora-el-historiador-es-un-arbitro-las-diferentes-memorias, (consultado el 14 de agosto del 2022)

[9] Cristóbal Arteta Ripollo  y Juliana Paola Díaz Quintero, “Memoria y víctimas en las tesis sobre el concepto de historia de Walter Benjamín: Contra la violencia del olvido”, Advocatus 35 (2020): 197

[10] Ibid., 199.

[11] Ibid., 200-201

[1] Julio Aróstegui, “Retos de la memoria y trabajos de la historia”, Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea 3 (2004): 19.

[2] Maurice Halbwachs, “Memoria Colectiva y Memoria Histórica”, REIS (1995): 210.

[3] Maurice Halbwachs, “fragmentos de la Memoria Colectiva”, Athenea digital 2 (1995): 1.

[4] Ibid., 4

[5] Maurice Halbwachs, “fragmentos de la Memoria Colectiva”, 1.

[6] Julio Aróstegui, “Retos de la memoria y trabajos de la historia”, Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea 3 (2004): 30.

[1] Erick Hobsbawm, Historia del siglo XX, (Buenos Aires: CRÍTICA, 1998), 30-31

[2] Ibid., 13.